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red de áreas naturales de alto valor ecológico a nivel de la Unión Europea. |
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La Reserva de las Lagunas de Villafáfila comprende once términos
municipales y ocupa una superficie de 32.682 ha. Se
encuentra enclavada en la Tierra de Campos, donde la
estepa cerealista es el paisaje dominante. En el centro de ésta y rompiendo la monotonía que impone el cultivo de
secano aparece, como un oasis, un complejo lagunar de
carácter temporal y salino.
Este infinito paisaje agrario entraña una belleza especial,
sobre todo con la salida del sol y al atardecer.
Además del paisaje, el hombre ha creado un rico patrimonio
arquitectónico de tapial y adobe: la «cultura del barro».
Pero los dos hábitats más significativos de Villafáfila son la
razón de la relevancia de este enclave. Los humedales dan
refugio a tal variedad y cantidad de aves migratorias que
convierten este espacio protegido en una de las más importantes áreas de invernada de la Península Ibérica. Por otro
lado, las parcelas de secano conservan una de las mayores
poblaciones de avutarda de Europa.
Vegetación
En esta comarca, que sufrió una temprana deforestación con objeto de
aprovechar sus terrenos para cultivos, diferenciamos claramente dos
comunidades vegetales. Por un lado, con una monotonía aplastante sólo rota por alguna
pequeña alameda y unos escasos ejemplares de pino piñonero, la
estepa cerealista, dominada por los cultivos de cebada, trigo y alfalfa
de secano, así como las plantas ruderales características.
Por otro, en el centro de la Reserva, las lagunas salinas que junto con
los prados salinos que las rodean conforman los ecosistemas que
presentan mayor riqueza botánica. Esta variada vegetación está condicionada
por los gradientes de encharcamiento, salinidad y climatología,
lo que permite encontrar conviviendo juntas especies características
de zonas continentales y otras de bordes marinos.
Hasta el momento, todos los estudios realizados sobre vegetación acuática
confieren a este complejo lagunar una importancia internacional.
Entre las muchas especies de plantas existentes en el humedal de interés
botánico resaltaremos la juncia o castañuela, de la que se han descrito
tres especies: Scirpus maritimus, S. litoralis y S. lacustris. En los
bordes lagunares y praderas cercanas predomina el gramón junto a
especies como la escorzonera enana, el pelujo, el hinojillo de conejo,
la arrastradera, la margarita, el correjuelo y la grama.
Fauna
En la estepa cerealista pervive una de las mayores poblaciones de avutarda
(Otis tarda) del mundo —2.668 individuos censados en marzo de 2005— así
como otras especies de gran interés ligadas a la estepa como el cernícalo
primilla, con más de 300 parejas nidificantes, el aguilucho cenizo, el sisón y
la ortega entre otros.
El complejo lagunar posee una extraordinaria riqueza en invertebrados
acuáticos, pero son las aves las que ponen la nota más colorista y espectacular
de la Reserva. En ella se concentran casi el 50% de todas las aves
acuáticas censadas en Castilla y León. Como nidificantes pueden destacarse
la cigüeñuela, la avoceta, el aguilucho lagunero, la pagaza piconegra, la
avefría, el azulón, el zampullín, la cigüeña blanca, el pato cuchara y el chorlitejo
chico. Como únicamente invernantes o en paso citaremos al ánsar
común, con una media de 26.000 individuos invernantes en la última década,
la grulla, el ánade friso, la cerceta común y la espátula.
Geomorfología
EL paisaje de la zona se caracteriza por una suave orografía, con escasas
pendientes y amplios horizontes, y una altitud media entre 700 y 720 m,
donde el cultivo del cereal es casi monoespecífico. En su centro se localiza
un complejo lagunar de carácter salino, estacional y estepario.
Los datos geológicos indican que los materiales más representados pertenecen
al Terciario y Cuaternario, cubriendo de forma discordante a otros
materiales paleozoicos que forman el basamento de la cuenca. El carácter
salino del complejo lagunar se debe a la gran cantidad de sales que
impregnan los materiales terciarios que forman el sustrato. Son primordialmente
detríticos (conglomerados, arenas, arcillas), en parte carbonatados
(margas y algunos niveles de caliza) y evaporíticos (yesos y otras
sales) del Mioceno. El acuífero terciario de la zona de Villafáfila es de
aguas surgentes, que en su ascenso a los niveles superiores se «contaminan » por disolución con las sales que impregnan los sedimentos terciarios
y se salinizan. Una vez evaporada el agua de los humedales en
verano, los fondos aparecen cuarteados y cubiertos con una costra de sal.
En años de máxima inundación, el complejo lagunar ocupa una extensión
de unas 600 ha. Las principales lagunas del complejo lagunar son la
Laguna Grande (Villafáfila) de 192 ha, la Laguna de Barillos (Revellinos y
Villafáfila) con 118 ha y la Laguna de las Salinas (Villarrín de Campos y
Villafáfila) de 70 ha. Esta última laguna fue desecada en 1970 y recuperada
por la Junta de Castilla y León en 1989.
Patrimonio social y cultural
Desde tiempos pretéritos, el mayor atractivo que ha tenido la zona
para el hombre ha sido la sal, existiendo en la zona una gran cantidad
de asentamientos calcolíticos y de la Edad de Bronce (3000 a
1700 a.C.). El museo arqueológico de Zamora alberga las cerámicas
de esta época asociadas a la transformación de sal, encontradas
en la orilla de la laguna de las Salinas entre Villafáfila y Villarrín
de Campos. Sin embargo, apenas quedan vestigios de los importantes
poblamientos romanos y visigodos.Entre los siglos X y XIII la zona tiene su momento histórico más glorioso,
encontrándose casi todas las lagunas bordeadas con numerosos
poblados, «pausadas» y cabañas, todos ellos asociados íntimamente
a la explotación de la sal. En esta época, el rey de León decidió
convertir la producción y el comercio de la sal en un monopolio
real. Con la intensificación del comercio con Portugal se inicia el
declive de la explotación de la sal hasta su abandono definitivo. En
el reinado de Carlos III se intenta recuperar la explotación de este
recurso y se crea la «Real Fábrica de Salitres de Villafáfila», que permaneció
en activo hasta la invasión napoleónica. El edificio fue posteriormente
reconvertido en fábrica de harina, y aún hoy pueden
observarse sus ruinas en el interior del casco urbano de Villafáfila.
La arquitectura popular se caracteriza por el uso de la tierra como
principal materia prima. Mezclada con agua, paja y un largo secado
al sol nos proporciona «adobes». Si la tierra se aplica en capas
alternas con cal dentro de un encofrado hablamos de «tapial».
La mayor parte de las iglesias existentes en los pueblos, construidas
en piedra y ladrillo, cuentan con importantes tesoros artísticos.
Alguno de estos templos son verdaderas joyas arquitectónicas.
Valores que justifican su declaración
Espacio de gran valor natural, paisajístico y faunístico.
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