Reserva Natural 'Sabinar de Calatañazor'

Reserva Natural 'Sabinar de Calatañazor'

El de Calatañazor es uno de los bosques de sabinas mejor conservados del planeta. Desarrollado sobre terreno llano, de carácter calcáreo y a 1.000 metros de altitud, algunos de los ejemplares de esta masa arbórea monoespecífica alcanzan un porte y una edad notables: 14 metros de altura, más de cinco metros de diámetro y cerca de dos mil años de existencia.

En las inmediaciones del sabinar aparece la medieval y sugestiva silueta de Calatañazor: uno de los pueblos más bellos y evocadores de toda la región. Rodeado de un impresionante precipicio y presidido por el imponente perfil de su castillo, Calatañazor presenta unas estrechas y empedradas calles a las que se abren casas porticadas construidas con adobes y gruesas vigas de enebro.

Vegetación

Las condiciones climáticas de la zona, con intensos y duraderos fríos invernales, heladas tardías, sequía estival, fuertes contrastes térmicos, unidas al escaso desarrollo del suelo, resultan adversos para la vida de un gran número de especies vegetales, por lo que muy pocas especies han podido acoplarse a este medio. Para ello se necesita poseer órganos adaptados a reducir la transpiración (hojas aciculares y escamiformes cubiertas por una gruesa cutícula) y desarrollar importantes aparatos radicales que les permitan profundizar en el suelo o cubrir una amplia zona para poder obtener el agua y los nutrientes necesarios. Todas estas características las cumple la sabina albar (Juniperus thurifera), lo que ha llevado a la implantación de la asociación Juniperetum hemisphaericothuriferae Rivas Martínez, como más relevante agrupación florística. La importancia que adquiere este Espacio Natural es por las sabinas en él presentes, con unas especiales características debido al gran porte y talla que alcanzan de manera bastante homogénea sus ejemplares. En el matorral, destacan las comunidades de sabina albar y enebro o sabino (Juniperus communis ssp. hemisphaerica), estepa, lavándula, espliego, cantueso, tomillo, mejorana, ajedrea, biércol, ...

Fauna

En la escasa superficie de este Espacio Natural, con importantes actuaciones humanas, pocas son las especies faunísticas que pueden tener aquí su hábitat, residiendo únicamente las de pequeño tamaño y territorio reducido (pequeños mamíferos, paseriformes, pícidos, insectos, ...) que toleran la presencia del ganado y del ser humano. Utilizándolo las de mayor tamaño y exigencias de naturalidad como zona esporádica de campeo. Estas viejas sabinas, en muchos casos de troncos huecos, albergan un grupo de especies que encuentran aquí cobijo como murciélagos, lirones, palomas, mochuelos, cárabos, abubillas, picos, páridos, trepadores ... Siendo estas las principales especies que pueblan el Sabinar.

Geomorfología

Como el resto de la provincia soriana, este sector estuvo ocupado por las aguas del mar de Tethys durante el Paleozoico, originando una sedimentación marina de carácter transgresivo o regresivo, según momentos. Con la Orogenia Hercínica tuvo lugar un ligero plegamiento que durante el Mesozoico va a ser barrido por el avance y retroceso de la línea de costa. El Terciario comienza con el levantamiento de estos depósitos, que en este sector se traduce en un anticlinal, hoy totalmente arrasado, lo que permite observar las calizas que se fraguaron durante el Cretácico y sobre las que se asienta el Sabinar de Calatañazor.

Paisaje

Topografía llana, donde contrastan las tierras dedicadas a cereal con este sabinar arbóreo, continuo y denso, rodeado de los páramos calizos que se extienden por el Norte hasta la Sierra de Cabrejas y por el Sur hasta la Sierra de Hinodejo.

Valores que justifican su declaración

El Espacio contiene una de las pocas masas de sabinas (Juniperus thurifera) de porte arbóreo y de gran altura. La sabina albar es un árbol cupresáceo muy rústico, adaptado al frío, a la falta de abrigo y a la aridez. Este árbol constituye una reliquia del Terciario.